Identidad y propósito

Quienes somos y hacia donde vamos; la eterna pregunta siempre tendrá subjetivas respuestas y he ahí el meollo del asunto. Podemos filosofar al respecto y debatir si así lo amerita, pero lo que ignoramos es que la respuesta está frente a nosotros y en nuestro propio jardín.

Preguntando se llega a Roma, alguien dijo, y por eso seguí ese sabio consejo y me dispuse a conseguir respuestas. ¿Quiénes somos los Chilenos?,  nuestra identidad y nuestro propósito ¿ya están en definición? o nuestra complejidad y diversidad nos hace indefinibles?

Alguien de la Capital una vez dijo que los chilenos somos cosmopolitas; puede ser, porque si vamos a cualquier ciudad y sobre todo a Santiago veremos que ya es parte de nuestro menú la gran variada y apreciada gastronomía que nos han compartido los mas variados grupos de extranjeros que se han asentado en la gran urbe y que no sólo de pollo con papas fritas vive el santiaguino que se atrevió desde hace rato a comer Ceviche a La Peruana, Tamales, Bandeja Paisa, Sushi y otras exquisiteces. Somos lo que comemos, se dice; entonces en ese sentido sí somos cosmopolitas los chilenos.

La gente de ciudad claramente se identifica como tal, al menos en sus quehaceres y en sus formas, vestimenta como tal para ir a la oficina, a media mañana un coffebreak y un cigarrillo, a las dos de la tarde todo el mundo almorzando algo rápido, mucho celular y también mucha conversación en algún café del centro, en fin, la gente de ciudad cada día tiene trazado su camino y el comercio y las grandes tiendas lo saben, la gente de ciudad si hay algo que adora es comprar.

Lejos de allí está el mar, inmenso y misterioso, nos atrae como el fuego, nos sosiega y nos conmueve. La gente que allí produce es amable, vive el día día, el futuro no los hace insomnes porque el ruido de las olas les dice que el mar estará allí siempre para ellos; el pan y el pez no les falta, esa bendición la tienen por heredad.

La gente de mar sabe de remansos y tormentas, de mar plácido y también furioso, veneran cada gota de agua y muy de mañana se hacen parte de las gélidas aguas para traer sustento; allá en tierra esperan sin quitar la vista del Mare Nostrum, de esa inmensidad divina.

Los que viven en la costa nunca son cegados por las luces de la ciudad y es tanto su arraigo que se convencen así mismos que Chile es mar por sobre todo.

El campo y la cordillera siempre van de la mano, parecen lejanos a veces pero siempre caminan juntos, los chilenos que allí están asentados saben de tierra y lluvia, de los frutos y hortalizas, de leche y miel. La gente de campo es tan curtida como altiva, tan ceñidos son sus ropajes como como su corazón.

La gente de campo produce en casi la totalidad el alimento para la nación, casi todo lo produce el campo y su gente que no se avergüenza de sus manos con callos y la dureza de sus pies; son sus medallas al valor porque el que no escarba la tierra a mano limpia no puede llamarse campesino, el que no quiebra la espalda al sol no puede esperar buena cosecha; la gente que hace producir la tierra valora la rudeza y estima más el agua que el oro.

Cuando pensamos en buen queso de cabra, buenas longanizas, queso de vaca, indudablemente nos acordamos del campo y la gente que produjo esas delicias, también una buena papa o un buen tomate hacen una buena mesa, aquí y en la quebrá del ají.

La montaña, el mar, el campo y la ciudad entre sí parecen lejanos, su gente en sus diferentes menesteres y afanes también parecen lejanos. Hay gente de campo, de mar, hay quienes saben de cumbres cordilleranas, gente que sabe de ríos y de islas, oficinistas y deportistas, amantes de la tertulia y también gente silente; la complejidad se hace mas entendible cuando se acepta, un artista sólo será llamado como tal cuando haya aprendido a mezclar los colores de la acuarela.

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Cuando vamos al mar nos sentimos como gente de mar, cuando vamos al campo nos sentimos parte de la tierra, y al estar en la ciudad nos hacemos parte de sus luces. Chile es cordillera, campo y también mar, es ciudad hecha de cemento y luces de neón; entonces ¿Quiénes somos los chilenos? claramente e indiscutiblemente somos todo aquello y nuestro propósito vivir en paz.

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