Caleta Horcón; entre bosques, duendes y mar

Caleta Horcón; entre bosques, duendes y mar

A una hora y media de Santiago se encuentra Horcón, en la comuna de Puchuncaví, Región de Valparaíso; viajamos allí y nos encontramos con lo más típico de Puchuncaví, sus hermosos y grandes bosques de pinos y eucaliptus, sin duda nos sorprende puesto que no estamos acostumbrados los afuerinos de Santiago a tanto árbol junto, ese es nuestro karma y lo sabemos porque amamos más a una mole de cemento llamado Mall que un bosque puro y singular..

Llegar a Horcón es llegar de bruces a lo místico a lo misterioso, a un sinnúmero de contrastes tanto sociales como económicos y a la vez desembarcar en una caleta en donde las gaviotas sí son reinas y del mar sí se vive en toda plenitud.

Cada pescador de la caleta Horcón se nota fuerte de presencia, el mar ha forjado sus brazos y también su temple, no le temen al frío océano y la niebla de cada amanecer para ellos es sólo una suave cobija que los impulsa a la mar para cumplir con sus afanes, para tomar su diario sustento.

Los productos del mar son el valor agregado de cuanto restaurant hay en Horcón y sus alrededores, sabemos por ejemplo que Maitencillo que se encuentra a sólo 12 minutos también se abastece de éste Blue Bayou de Puchuncaví.

Desde muy temprano llega la gente a esperar a los primeros botes y embarcaciones que llegan con los productos frescos. La cosecha primera viene del mar, dijo alguien por ahí.

A la antigua se arrastran a la orilla las embarcaciones más grandes, un par de caballos y un buen jinete hacen la pega en cuestión de minutos. Desde muy temprano comienzan acá las labores.

A los veraneantes y turistas les encanta Horcón, lo singular de su gente es el atractivo social que tiene; muchos Hippies, esos de la vieja escuela, de los que aman a Janis Joplin y a los Jaivas y es por eso que siempre se puede ver un show de música por alguna calle de ésta singular caleta.

lo inusual acá en éste atractivo punto geográfico de Chile para su gente es casi normal, desde vendedores de souvenirs, artistas callejeros, dibujantes de retratos que hacen arte con envidiable diligencia y perfección es lo que encontrará el visitante acá. Cada paso que damos en ésta pequeña pero intensa caleta nos sorprende, acá el tiempo se detiene, un reloj con su frío concepto no tiene relevancia.

Las callecitas de Horcón tiene un no se que, sus colores contrastan y a veces confunden, ese es su atractivo, como los incesantes vuelos de las gaviotas y su incansable trinar. 

De bosques y duendes también se retroalimenta Horcón, se dice que en los bosques de éste lugar viven éstos pequeños seres que de vez en cuando se dejan ver, se dice que en el sector de La Puntilla, hoy el condominio Cau Cau, alguna vez alguien se encontró con La Llorona de Horcón, una dama de negro que parecía levitar del suelo y que con sus sollozos desgarradores asustó de gran manera.

Sirenas en las rocas tomando sol muchos aseguran haber visto, pescadores afirman que monstruos marinos visitan de vez en cuanto las orillas de Horcón como si algún magnetismo los llamara a éste lugar.

 

Ya sabemos que venir a Puchuncaví, a la caleta Horcón es una experiencia que hay que volver a vivir, detenerse a mirar el vuelo de las gaviotas, deleitarse con su gastronomía y esperar el atardecer cuando inertes están los botes añorando el día siguiente para hacerse a la mar.

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