El vuelo del parapente

Desde remotos tiempos el hombre a soñado con volar, admira la soberanía de los pájaros y el monopolio de sus alas porque sabe que ese Don sólo a ellos les pertenece y aunque la tecnología se colme creando las mas modernas aeronaves jamás podrá imitar el vuelo de la más sencilla de las aves, que tiene el más fundamental principio, jamás volar en línea recta.

Fue en la primera guerra mundial donde se utilizó por primera vez un paracaídas, y durante la década de 1950 fue inventado el Paracommander, que como novedad tenía respiraderos en la parte posterior de la rampa para producir algunos planeos y mejor direccional de control, a medida del paso del tiempo empezaron las innovaciones de éstas alas. En 1964 Domina Jalbert de la Florida inventó el Ram Air que tenía un borde ataque abierto y un borde posterior cosido haciendo que el aire pegara y al llenar la vela creaba una forma de ala.

Si bien es cierto los primeros planos aerodinámicos fueron relativamente rápidos también hacían el aterrizaje más difícil. para entonces ya se buscaba mejores características de rendimiento y más suavidad.

En 1978, los paracaidístas franceces Jean-Claude Bétemps, André Bohn y Gerard Bosson refinaron la técnica de funcionamiento y puesta en marcha de una pendiente en Miieussy, Francia, ese evento muy pronto atrajo la atención y Mieussy se convirtió en el primer meca del parapente.

En Colina tenemos nuestro propio Mieussy, y se se llama Cerro la Reina o Cerro de los Parapentes, allí  nos encontramos con muchos cultores de éste bizarro deporte, no exento de peligros pero que sorprende cuando vemos a los parapentistas aterrizar, porque sus caras sólo reflejan genuina satisfacción, los alumnos un poco asustados con la experiencia, pero felices.

Nos llamó la atención el trabajo de Nitroparapente, él agenda vuelo para alumnos que llegan al cerro a buscar adrenalina y libertad, esa que el volar otorga, los instruye acerca de las medidas de seguridad y literalmente los apaña y les infunde valor y nos da la impresión que debido a éste deporte ha hecho muchos amigos tales como Daniel, un joven venezolano que llegó a éste cerro a volar, a ser libre.

Ser experto en parapentes también implica responsabilidades, Nitroparapente lo sabe y es por eso que siempre está instruyendo a sus alumnos en las medidas de seguridad, una vez en el aire ya no caben los errores tanto en el vuelo como en el aterrizaje.

Los vientos que circulan en el Cerro Reina Norte son únicos en la temporada estival, así se hace notar con la multitud de colores de los parapentes, Nitroparapente nos dice que tal es la pasión por éste deporte que a veces llega en bicicleta desde su casa a los faldeos del cerro, el nos dice: «volar en parapente es una experiencia única y una de las mejores formas de sentirte libre y conectado a la naturaleza, se siente paz y adrenalina a la vez»

hasta el próximo verano ya no veremos a los parapentistas en sus afanes, la pandemia del covid19 truncó muchos vuelos debido a las medidas sanitarias, bueno es saber que volveremos a ver a éstos amigos que hacen libres en el aire, ellos saben dentro de si que conquistar el Universo comienza en nuestros cielos, en éste inmenso domo que las aves conocieron primero. /WOS

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