Entre luces y sombras

Ir a la feria un día domingo después de una lluviosa jornada anterior es tal vez en tiempos de pandemia una de tantos adrenalinicos menesteres que necesitan de nuestra atención y es por eso que antes de salir de casa debemos iniciar con los establecidos protocolos; mascarilla, alcohol gel, y el permiso de la comisaria virtual, solo con eso podemos embarcarnos en esta aventura que hace seis meses atrás era algo rutinario y hasta fome.

El ejercicio de la observación del cual Albert Einstein podía jactarse se ha convertido en mi guía turística de un tiempo a esta parte y no es para nada sorprendente que alguien me vea por ahí medio pegado mirando un árbol o la trayectoria de una hormiga en un cuesco de durazno, no obstante, creo que las personas o grupo de ellas son observables, analíticamente interesantes tanto así que alguien creo la sociología y la hizo un deporte de alto rendimiento. ¿Quiénes somos realmente? La gran pregunta se enfrenta a la subjetiva respuesta.

En mi camino al mercado de abastos me topé con todo tipo de personas y sin sospechar siquiera me enseñaron que no todo está escrito y que las reglas de la convivencia van mutando de acuerdo a los acontecimientos, lo predecible solo aplica en la aritmética, el ser humano es más que un número frío que vive en la enciclopedia de un tecnócrata, es observable es perfectamente imperfecto y de esa genialidad emergen héroes y villanos que hacen enloquecer a los sabios y hacen temblar al status quo; y es por eso entonces que después de esa reflexión mi quirúrgica atención se dirigió a un hombre que compraba siguiendo las instrucciones de una lista que seguramente fue escrita por su esposa pues la lógica de los elementos que compraba solo esta en la mente de una buena dueña de casa que sabe sin decreto gubernamental lo que es esencial y lo que no, nosotros los hombres siempre desviamos nuestra atención y es por eso que una lista bien redactada y un celular son dos elementos que sirven para monitorearlos remotamente para así no perdernos entre comprar tomates o una huincha de medir; sin ayuda idónea no somos nada sino pregunten si Adán hubiera construido un huerto sin Eva.

Aquel hombre a quien describo le daría un premio a la responsabilidad, usaba una buena mascarilla quirúrgica, guantes de látex, careta facial y siempre tratando de mantener distancia y sí que es difícil mantenerla en una feria y es por eso que hay que ir temprano siempre y hacer las compras en tiempo acotado, el riesgo es inminente y es por eso que todas mis compras las hice rápido y considerando el tiempo que me otorga el Permiso Temporal.

Ya llegando al paradero de buses nuevamente me encontré con este señor que también esperaba locomoción, noté que usaba alcohol para sus manos y con sus guantes puestos sacaba monedas de su bolsillo para el pasaje, luego de pronto sonó su celular y daba cuenta de que toda su compra estaba correcta y pedía a su mujer tener la ducha dispuesta para su llegada, con asombro entonces vi como subió a su bus y alejándose reflexione al respecto; un hombre comprando en una feria con diligencia, con responsabilidad sanitaria admirable y su único norte en ese día era llevar víveres a su hogar;  habrá otro heroísmo mayor que el sacrificio de un padre o una madre, pues en una ida al mercado se puede infectar, tal vez tomando una fruta que alguien más toco y tal vez al recibir un vuelto de un feriante puede ir este virus desafiante y jodernos la vida de una y de ahí entonces que de jaguares nos queda bien poco o casi nada y eso no debería avergonzarnos, este virus convidado de piedra nos aterrizó y pulverizo nuestra arrogancia dejándonos al borde de esta terrible cornisa.

Siempre me han causado admiración los conejos, son tan frágiles y tan valientes a la vez, ellos jamás podrían enfrentarse a una jauría de perros, siempre habrá cazadores que les buscaran, siempre deberán eludir los lazos de sus verdugos, pero aun así su valentía es admirable pues siempre se las arreglaran para llevar alimento a sus cuevas y desafiaran a la muerte todo el tiempo, no por arrogancia sino por supervivencia y de esa clase magistral deberíamos observar, aprender y considerar pues nuestra fragilidad quedo al desnudo en este largo y sinuoso camino.

¿Quiénes somos?

En este valle de abrojos e incertidumbres y de diarias decepciones cada día es una batalla, lloramos porque en cada chileno que muere nos vestimos de luto, pero nos levantaremos porque somos lo que protegemos, somos lo que defendemos y eso nos fortalece todo el tiempo.

Por: Mr. Negan, para la Revista Wos